Subiendo al cielo y bajando al infierno, y casi siempre, al mismo tiempo, de la mano los dos sentimientos.
Yo, al igual que tú, decidí ser poeta, condenarme a esta mi dulce pena, a mirarte, a escribirte desde lejos, donde tu no me veas; que quiero sentir tus sentimientos puros, sin contaminar con los míos, los tuyos. ¡Y para que te cuiden! Mandare mis pequeños duendes que te acompañen, velen por ti, y en tus sueños, te lleven hasta la luz... esa que tu tienes.
Hoy tus ojos de amor son luceros llenos de lágrimas y pena. Mi pequeña de ojos tristes, no llores más, que a este loco poeta muere al oír tu triste poema.
[Joaquín Alarte]

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